Enseñar en los Valles: una tarea que se hace con el corazón

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A más de 1.500 metros sobre el nivel del mar, en donde la vida transcurre pintada de marrón por los Valles Calchaquíes, hay personas que tienen un corazón grande, enorme. Myriam Armella e Isabel Arrieta, conocida por todos como Chabela, eligieron el camino de la educación hace más de 20 años y lo que comenzó como una profesión, con el paso de los años, se convirtió en vocación; pues, ambas forman parte del cuerpo docente de la Escuela N°32 Alfredo Palacios, de Colalao del Valle, a la que asisten chicos de toda la jurisdicción.

Esta localidad se encuentra a pocos kilómetros de Cafayate, en Salta, y de Fuerte Quemado, en Catamarca. Es una localidad con casi tres mil habitantes, que se caracteriza por la simplicidad y amabilidad de su gente, por el trabajo cotidiano y el respeto, algo que las docentes destacan cada vez que toman la palabra

La escuela es el centro del pueblo, el lugar a donde recurren la comuna, la iglesia y la gente. La historia institucional comenzó en una casona ubicada al frente de la plaza, que pertenencía a la familia Aparicio, quienes prestaron su vivienda para el funcionamiento del local escolar. Las maestras, colaleñas de nacimiento, escribieron sus primeras letras en ese sitio.

“Era una casa antigua, muy linda, asistíamos en doble turno porque solo había cuatro habitaciones que funcionaban como aulas”, contó Isabel, quien antes de ser docente fue alumna del establecimiento. Al respecto, recuerda que cuando la década de los setenta estaba llegando a su fin, se emprendió la construcción del nuevo edificio, emplazado a pocos metros de la casa de los Aparicio: “Estábamos terminando la escuela y queríamos quedar de grado para poder conocer el edificio nuevo”.
En esa época la falta de oferta académica en el lugar, obligaba a los alumnos a buscar otros destinos para poder completar sus estudios secundarios y superiores. Fue así como Chabela y Myrian debieron abandonar su comunidad para volver dentro de unos años convertidas en maestras.

Durante el ciclo lectivo, el día se inaugura a las 8:30 con el izamiento de bandera, posteriormente los alumnos desayunan para comenzar, con la panza llena, las clases de lengua, matemáticas y ciencias. Una vez a la semana ensaya el coro, junto al profesor de música. Al mediodía almuerzan y luego continúan con las materias especiales, como inglés, religión, tecnología y agropecuaria. Además hay jardín de cuatro y cinco años.

Las docentes destacan que a pesar de que algunas familias son humildes, los niños asisten todas las mañanas de punta en blanco para cumplir con su jornada escolar. Además, agregan que la comida que sobra es repartida a los alumnos para que la lleven a sus casas.

En Colalao del Valle la escuela se hace en comunidad, forma parte de la vida de todos y la palabra del maestro es respetada. Cada actividad se prepara con un gran compromiso relatan las docentes: “A fin de año tienen las muestras y los actos escolares son muy lindos, acude mucha gente y siempre vienen las mamás a vestirlos. Desde acá tratamos de involucrar a los padres, por ejemplo, invitándolos a la primera lección oral de los chicos. Es una forma de ayudarlos a saber que están estudiando”.

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Redacción de El Siglo Web - Independencia en casa - AÑO 2017

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