Mientras la justicia los investiga, los guardias armaron una purga para castigar a quienes les deben dinero por las drogas

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El penal de Villa Urquiza fue un escenario de una violenta pelea entre internos. El motivo de esa trifulca sería la venta de drogas dentro del penal, según declararon protagonistas de la reyerta.

Cuatro presos terminaron heridos como consecuencia de este ataque en el que también estuvo involucrado personal del servicio penitenciario, de acuerdo a lo confirmado por fuentes judiciales.

El miércoles por la tarde, a horas de que se cumpliera la primera semana de la muerte de Fernando Sebastián Medina, el reo que perdió la vida después de haber denunciado a los guardiacárceles que lo obligaban a vender drogas, se produjo un enfrentamiento en el Anexo 1, el mismo lugar donde se produjo el homicidio.

Los reclusos volvieron a utilizar armas blancas para en el enfrentamiento. Versiones indican que no se hizo una requisa exhaustiva y otras señalan que los presos volvieron a armarse después de que se realizara el operativo de control entre los internos que están alojados allí.

Los protagonistas de la pelea fueron trasladados al hospital Avellaneda donde, después de ser atendidos y curados, regresaron a la cárcel. La identidad de los protagonistas y otros detalles sobre el motivo por el que se encuentran detenidos se mantienen en reserva, puesto que los investigadores temen que sufran represalias después de haber dado a conocer su denuncia.

Primer paso

La fiscala Adriana Giannoni, que interviene en la causa de del crimen de Medina, ordenó a las autoridades del Servicio Penitenciario que presentaran en Tribunales a los agresores y a las víctimas.

Los primeros en declarar fueron los acusados de ser los agresores. Sin embargo, durante su declaración, los reclusos denunciaron que en realidad ellos se defendieron de los ataques que habían sufrido y que habían sido planeados.

Los sospechosos declararon por cuenta separada y ambos contaron más o menos las mismas versiones. Dijeron que ellos mantenían una deuda con los “soldaditos” que los guardiacárceles contratan para que comercialicen las drogas que ellos consumen y que el miércoles a la tarde, personal del servicio penitenciario les ordenó que salieran al patio en un horario atípico y cuando no hay, supuestamente, personal de seguridad.

Los reclusos dijeron a la Justicia que sabían que algo malo podía pasarles. Por ese motivo, estuvieron más alertas que de costumbre.

Siempre de acuerdo al relato que ofrecieron en la fiscalía, fueron atacados por dos compañeros de encierro. A ellos, que aparecen en la causa como víctimas, los acusaron de que fueron enviados por los guardiacárceles porque no habían cancelado la deuda por la compra de estupefacientes.

Uno de los presos que declaró dijo además que, en su caso, es muy probable que los guardias se hayan confundido, puesto que él tiene fecha de salida el 28 de diciembre y que los acusados pensaron que estaba por salir el miércoles y que se iría sin cancelar la deuda que habría tenido con los soldados.

La fiscala ordenó a las autoridades del penal, a través de un oficio, que tomen medidas de protección a favor de los dos reos que declararon y esperan que se presenten a declarar los otros dos reclusos que participaron en la pelea.

Similitudes

Pese a que las supuestas víctimas del ataque aún no declararon, la fiscala Giannoni encontró algunas similitudes en esta pelea con el crimen de Medina. Por ejemplo, en ambos ataques los agresores utilizaron armas blancas cuya procedencia nunca se pudo establecer. Los ataques se produjeron en el patio del Anexo 1 ante la ausencia de personal de seguridad. Tampoco están del todo claros los motivos por los que los agresores fueron llevados a un lugar donde no deberían haber estado.

Por otra parte, y si bien no tiene nada ver con el hecho (la pelea) que se investiga, los reclusos, bajo juramento, explicaron cómo era el sistema de tráfico de drogas dentro del penal. En la investigación que desarrolla la Justicia, varias testigos, entre ella la pareja del recluso asesinado, dijeron que un soldado podía vender más de $30.000 en drogas por semana.

Como lo hicieron Medina y su compañero de encierro en la seccional 7ª, estos dos reclusos identificaron a los miembros del servicio penitenciario que facilitaban marihuana, cocaína y psicofármacos. También habrían nombrado a los mismos hombres que señalaron los otros testigos como los que vendían drogas en el interior del penal.

FUENTE: CONTEXTO

El Siglo Web

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Redacción de El Siglo Web - Independencia en casa - AÑO 2017

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