Tucuman: El Caso Perez Acosta, agresion feroz a la salida del boliche

Tucuman: El Caso Perez Acosta, agresion feroz a la salida del boliche

  21 Ene 2020  

Eran las seis de la mañana  cuando sonó el teléfono de la familia Pérez Acosta. Ese 27 de julio del 96, el teléfono sonó de nuevo, y una vez más hasta que atendió Sara Lía, la madre del joven que hace unos minutos había sido salvajemente golpeado por los hermanos Cristian y Fabián Jensen, a la salida del boliche Bull Dog, en el pasaje Padilla. Con el tubo descolgado, doña Sara corrió hasta el dormitorio de Cecilia: “Cuando mi mamá me despertó, en el acto sentí en el corazón que era grave. ‘¡Álvaro! ¡Álvaro!’, lloraba mi mamá. No se le entendía, pero me decía que la llamaban del Padilla. Levanté mi tapado, y le dije: ‘Esto es grave, mami, vamos’. Tomamos un taxi y fuimos a verlo”.
Aquel 27 de julio, Cecilia llegó corriendo a la guardia del Hospital Padilla. Su hermano, aún consciente, la vio entrar: “Estaba con un gran hematoma, lo vi y me dijo: ‘¿Qué hacés, hermana? Les pedí que no te avisen, que no se preocupen’. Con mis hermanos lo desvestimos, porque estaba todavía vestido, tirado en el Padilla, sin atención, creyendo que estaba alcoholizado. Y no, Alvarito no toma”.
Por los golpes se le había reventado la arteria meningea media, ahí el hematoma fue creciendo. Yo lo vi durante su intervalo lúcido. Vi sus reflejos y les dije a los médicos: ‘¡Corran! Necesitamos un tomógrafo, está haciendo un hematoma extradural‘. En ese momento, Álvaro me preguntó: ‘¿Qué era ese hematoma?’ Eso me dijo y entró en coma. Salió del coma a los siete meses”.
El caso conmovió a Tucumán, sacudió a la opinión pública. Y en su recuerdo esconde las horas más complicadas de la familia Pérez Acosta. Son palabras y momentos críticos que esta mañana revela Cecilia, como la mañana en la que se dictó la condena de ocho años para los Jensen: “Álvaro ya los perdonó en su corazón y yo también. Sí, les dieron ocho años. Todos nos dicen que fue poco tiempo. Pero un día, una semana, un mes en prisión debe ser terrible. La condena fue social. De hecho los chicos no pueden vivir en Tucumán. Lo que no se cumplió fue lo económico. Y esto también lo voy a decir por primera vez: cuando terminó el juicio, el padre de los Jensen se acercó a mi padre y le dijo: ‘Porque los metiste en la cárcel, de mí no vas a recibir un peso’. Y así fue”.
 Todos los médicos nos decían que Álvaro iba a quedar en estado vegetativo de por vida y que algún día se iba a morir. Pero algo dentro mío me decía que no, que se iba a recuperar. Y aquí está, con su inteligencia totalmente conservada, recibiendo este reconocimiento, y escribiendo un libro sobre su vida”.
fuente: extracto de articulo publicado en el sitio web: eltucumano

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