Todos somos Glencore II (La venta de FRIAR)

Todos somos Glencore II (La venta de FRIAR)

  03 Sep 2020  

Renato Zuliani bufó. Acababa de oír la “barbaridad” de que el gobierno impondría al fin una contribución extraordinaria a las grandes fortunas para ayudar a la sociedad por la  pandemia. El que yo le explicara que no eran más de 12.000 personas las que tendrían que pagar (sobre 45 millones de almas que habitaban el suelo argentino) no sirvió de mucho. Con ese sentimiento intermedio entre el odio y la amargura,  me confesó que su abuelo friulano había llegado a Avellaneda sin que nadie le regalase nada.  Y pudo prosperar gracias a su sacrificio, nunca necesito del Estado. Se contrarió un poco cuando le dije que en realidad había sido el Estado el que promovió la inmigración, el Estado el que le gano hectáreas al desierto (manera eufemística de decir que expulso a pueblos originarios de sus tierras) y el Estado el que luego las cedió a los europeos. Europeos que se convirtieron en los nuevos propietarios del Norte Santa fe. Entre ellos, el abuelo de quien Renato heredó.  Bufó nuevamente (ahora con más disgusto), se subió el pantalón hasta donde su abultado vientre lo permitió, y me dijo que aquello no tenía nada que ver, que su abuelo se hizo solo. Era sabido que, en este tipo  de discusiones, no importan las razones ni los datos de la realidad. Mucho menos la historia. El prejuicio de clase a la que se pertenece (o a la que se desea pertenecer) lo es todo.

            -Y encima, ahora atacan a VICENTÍN por la venta del frigorífico FRIAR (agregó con aires de quien termina de preparar la rampa desde donde saldrá disparada su indignación).

              -Es que no es tan simple (contesté, entendiendo los peligros que yo corría al contradecirlo). VICENTÍN SAIC está en concurso de acreedores.

            Intentando aliarme con el sentido común (las más de las veces taimado impostor, pero que a la sazón podría ayudarme) agregué:

            – Si vos le preguntas a cualquiera en Reconquista o en Avellaneda quien es el dueño de FRIAR: ¿Qué te responden? 

            – Y…que es de VICENTÍN. 

            -¿Y entonces? 

            – Bueno, pero lo venderán para pagar sus deudas… 

            -No creo. Sino le hubieran pedido permiso al Juez del concurso para venderlo. Y no lo hicieron. El Juez fue el último en enterarse…y los acreedores de VICENTÍN, los primeros en perjudicarse. 

            A continuación le explique algo sencillo, pero que se enuncia de forma difícil por abogados y economistas. Cosa que nadie lo comprenda. Ese era el objetivo.  El poder nunca muestra las cartas. Y si el pueblo las ve, se hace lo posible para que no se las entienda.  Pero yo quería develar que, un 1 de bastos cuando se juega al truco, no es una simple ramita… 

            -La cosa es así. Los “VICENTÍNes” son dueños FRIAR y la pusieron a nombre de dos sociedades fantasmas que manejan ellos. Una se llama VICENTÍN Family Group… 

            -Ah! ¡La que está en concurso de acreedores! 

            -No, no.  Esa es VICENTÍN SAIC,  la Sociedad Madre. Esa si está en concurso de acreedores. Pero VICENTÍN SAIC  creó otras muchas sociedades. Como las muñequitas rusas, las matrioshkas. Una de esas matroishkas es VICENTÍN Family Group… 

            -¿Está acá, en Avellaneda? 

            -No. Está en Uruguay.  

            – Bueno, lo que pasa es que acá se paga muchos impuestos… 

            – Creo que no va por ahí. La presión fiscal en Argentina es equivalente a la de EEUU. Y mucho menor que la de Europa. Ni te digo a la de los países escandinavos. 

            -¿Y entonces? 

            -En Uruguay es fácil constituir sociedades off shore. Después triangulas con ellas para evadir impuestos o no pagar retenciones. Estos armaron VICENTÍN Family Group en Uruguay, pero la cosa no terminó allí.  También armaron otra sociedad en Uruguay que se llama NACADIÉ S.A. El único dueño de esa sociedad es, a su vez, otra sociedad que se llama Swaas, y  que está en Panamá. 

            -¿Panamá papers? 

            -Algo de eso.  Entre VICENTÍN Family Group y NACADIÉ son las dueñas, mitad y mitad, de FRIAR.  

            – Pero son otras sociedades. VICENTÍN SAIC, la concursada, no tiene nada que ver… 

            -¿Sabés que pasa? Que VICENTÍN SAIC tiene domicilio acá en Avellaneda, en calle 14 número 455, frente a la plaza. 

            -¿Y?  (Contesto Renato, levantando el entrecejo. Mostrando sorna a la perogrullada que yo le decía.  Con sus setenta años de avellanedense, no le iba a venir yo a decirle donde quedaba VICENTÍN…)

             – Es que el domicilio argentino de las uruguayas NACADIÉ, VICENTÍN Family Group y la panameña Swaas es…la calle 14 número 455 también.  

            Renato pensó un momento. Era un punto difícil de rebatir. Finalmente, atacó…

            -Pero si querían hacer chanchuyo, hubieran sido más prolijos y no ponerle el mismo domicilio a tres sociedades… 

            -No son tres sociedades. Son más de una docena las sociedades que tienen domicilio allí, en esa misma dirección. Entre ellas, NACADIÉ, VICENTÍN Family Group… y la panameña Swaas. Es la impunidad Renato. Son los dueños del pueblo. Nadie de por acá no trabaja para algunas de las empresas de VICENTÍN. O tiene un familiar que lo haga.  Manejan a la Justicia. El intendente es como su empleado.  Son donantes de las campañas de todos los políticos, no te la voy a venir a contar yo a esa… Cuando siempre fuiste el poronga, no te calentas en dibujarla ni un poquito… 

            – De todas maneras (dijo Renato, como si al exponer los pecados VICENTÍNescos yo lo estuviera atacando a él personalmente) ellos hicieron mucho por Avellaneda.

            -O Avellaneda, Reconquista y la Argentina hicieron mucho por ellos. Acordate que les regalaron tierras, les licenciaron puertos, les estatizaron deudas. Les dieron créditos millonarios que no devolvieron nunca. Y durante la dictadura…bueno, ese tema es muy duro, hay obreros desaparecidos, merece otra charla.   

            El rosado cutis de Renato se había tornado al rojizo. Peinó con su mano el encanecido pero abundante cabello que, a pesar de su edad, aún resistía en su cabeza. Luego  dijo, como encontrando el estoconazo que me dejaría en silencio de una buena vez…

            -Pero decime. Esto que para vos es tan evidente, ¿el Juez no lo ve? ¿Sos el único iluminado? ¿Va el Juez permitir que VICENTÍN se desprenda de su frigorífico FRIAR clavando a todos sus acreedores? 

            – Los acreedores, sobre todo el chiquitaje, pierden. Pero hay otros que ganan. 

            -¿Cómo quien? 

            – Como BAF Capital, la firma holandesa que compra FRIAR. BAF Capital le había prestado plata a VICENTÍN Family Group. Con esta compra (donde no va a poner un dólar) se va a cobrar esa deuda.  

            -Pero… ¿y el Juez? 

            -El Juez no quiere quedar mal con VICENTÍN. Acordate que son los dueños de la comarca. Y sabe que el tiempo es su aliado. El 70% de los procesos concursales en Argentina terminan clausurados por falta de activos.  Nadie cobra nada. Son procesos tan largos que, para cuando finalizan, ya se llevaron hasta los picaportes de las puertas… 

            Renato cambio su gesto. Mutó de la contrariedad a la burlona satisfacción.  Pasara lo que pasara, nadie podía contra VICENTÍN.  Porque,  aun cuando haga trampa y estafe a la gente, siempre es mejor que VICENTÍN gane y no ese Estado populachero que él odiaba desde que era niño. Y lo odiaba porque siempre lo habían entrenado para que lo odie. El gimnasio arrancaba en la misma escuela primaria. Después las falacias anti populares y prejuicios varios seguirían colonizando su intelecto a lo largo de toda su vida.  ¿Podría acaso aceptar la verdad luego de haber vivido 70 años en la mentira?

            La charla termino con un suave choque de puños. Eran tiempos de pandemia. En más de un sentido. En tanto,  invisible e incorpórea, una entidad llamada Glencore esperaba para quedarse como la dueña de todo. Incluido, del destino de Renato.

[1] Por Víctor Aguilar, Master en Desarrollo Económico, Ex docente de posgrado en concursos. El autor aclara que los personajes y los diálogos son ficticios. Los hechos, no.

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