Por Sergio Federovisky (*)

HECHOS


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Más allá de la exageración y de la victimización a la que procede el kirchnerismo cada vez que se siente criticado, existe una realidad y es que la sociedad se siente insegura. Es decir, hay una realidad conformada por una atmósfera de miedo que tiene existencia propia al margen de la voluntad de Clarín de desnudarla o del gobierno de ocultarla.

10/07/2012 9:14 PM | Está claro que muchas veces los medios masivos seleccionan el peso que le otorgan a la información según la vinculación que en ese momento mantengan con el poder político de turno. Pero esa “lectura” de la realidad de ningún modo elimina los hechos, que existen y se producen independientemente de la interpretación coyuntural de tal o cual medio de comunicación.
Hay, en ese sentido, un ejemplo tremendo en la trayectoria contemporánea del país y los diarios que fijan -o creen fijar- agenda en la política nacional. A la salida de la convertibilidad, en plena crisis económica desatada tras la huida de Fernando De la Rúa de la presidencia, Clarín acordó con el presidente interino Eduardo Duhalde dos elementos centrales para la supervivencia económica del grupo: la pesificación asimétrica y la ley de bienes culturales, que estableció un máximo de tenencia de acciones de medios nacionales por parte de grupos extranjeros que en los hechos evitó que los acreedores pudieran quedarse con el diario de Ernestina Herrera de Noble.
Clarín pagó semejantes favores con lo que mejor ofrece: cobertura periodística. Al punto que cuando la policía bonaerense acribilló a balazos a los piqueteros Kosteki y Santillán en el andén de la estación Avellaneda, el diario puso en su tapa un título perversamente ambiguo: “La crisis causó dos nuevas muertes”. A esa hora ya se sabía, y Clarín contaba con las pruebas fotográficas, que había sido un asesinato por el cual un comisario cumple una condena a cadena perpetua.
La realidad, no obstante, fue más potente que el intento de Clarín de cubrir periodísticamente las espaldas de quien previamente había canjeado ese favor por otro que salvara el pellejo económico del grupo mediático más poderoso del país. Pese al vallado que le interpuso Clarín, la realidad se coló por las rendijas y provocó la anticipación en la convocatoria a elecciones y así dio por terminado el sueño de Duhalde de permanecer en el sillón presidencial al que había llegado por otras vías menos populares y más palaciegas.

Inseguridad

Este domingo Clarín quiso ver la realidad con ojos crudos y tituló que hay un muerto cada dos días víctima de la delincuencia, con lo que deliberadamente agitó el fantasma de la inseguridad que tanta preocupación provoca en el gobierno. Está claro que Clarín se despacha con semejante estadística “asustante” para socavar los cimientos de un gobierno que lo considera enemigo número uno. Así, todos los que enfrentan al kirchnerismo son vistos por Clarín altos, rubios y de ojos celestes, aún cuando, como Hugo Moyano, hubiesen sido morochos e indeseables hasta pocos minutos antes. Sin embargo, esa invocación a la amenaza que supone la inseguridad y la culpabilidad implícita del gobierno que no protege a los ciudadanos no supone que la realidad sea otra: efectivamente, en 36 días hubo 18 asesinatos en la provincia de Buenos Aires, asociados a la delincuencia.
Rápidamente, el gobierno vio la supuesta mano destituyente del ex aliado, al que Néstor Kirchner otorgó ni más ni menos que la fusión monopólica de Cablevisión y Multicanal. Y más rápidamente aún los epítomes del kirchnerismo se esforzaron en demostrar que la única motivación de Clarín al agitar el fantasma de la inseguridad es sembrar el terror con el propósito de desestabilizar el gobierno.

Realidad

Más allá de la exageración y de la victimización a la que procede el kirchnerismo cada vez que se siente criticado, existe una realidad. Es decir, hay una realidad conformada por una atmósfera de miedo en la sociedad que tiene existencia propia al margen de la voluntad de Clarín de desnudarla o del gobierno de ocultarla. Existe una estadística, así sea periodística y no científica, que muestra muertes y robos y violaciones y salideras con cada vez mayor incidencia. Y ante esa realidad, la acusación del kirchnerismo hacia Clarín por develarla se parece demasiado a un enojo con aquel que no colabora en ocultar la verdad que políticamente molesta.
Es seguro que Clarín hace un aprovechamiento político de la realidad, pero es igual de cierto que no son los periodistas de ese diario -ni de ningún otro medio, incluso ubicado en la condenable postura de exigir mano dura y pena de muerte- los que blanden los revólveres con que se asalta a la gente en los barrios. Y más cierto todavía es que si la realidad fuese otra y la tendencia respecto de la inseguridad fuese en descenso, Clarín sería el que quedaría desnudo ante sus propias intenciones aviesas al forzar algo que no encaja en la percepción de la sociedad.
Hoy la gente se percibe a sí misma insegura, con miedo. Y el responsable principal de ese temor no es el medio periodístico que le da aire al tema de la inseguridad, sino el ladrón que anda por la calle. Y para enfrentarlo no es necesario hacer callar al opositor que muestra -aún exageradamente- la realidad, sino políticas de Estado consistentes para modificarla.
Policía honesta y bien paga, cárceles dignas, planes de mejora social, políticas para erradicar la pobreza, son algunas de las ideas que modestamente se le pueden sugerir al gobierno para atacar, en el corto y mediano plazo, las raíces y efectos de la inseguridad. El resto es un intento, muy común, de echarle siempre la culpa a otro.


(*) Coordinador editor



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