El modelo jubilatorio que rigió durante décadas en la Argentina ha sido puesto en duda por expertos en economía y seguridad social, quienes coincidieron en que el sistema actual no podrá sostenerse en las próximas décadas. Esta advertencia fue planteada en el segundo episodio de La Conversación, el ciclo audiovisual de Infobae, donde la especialista Andrea Falcone, junto con los economistas Jorge Colina (IDESA) e Ignacio Apella (Banco Mundial), analizaron los principales factores que amenazan la sustentabilidad del régimen previsional.
Durante el debate, se afirmó que “la jubilación como la conocemos se terminó” para quienes tienen menos de 50 años. El diagnóstico se basó en una combinación de elementos críticos: una demografía que envejece aceleradamente, un sistema de aportes cada vez más frágil, y una informalidad laboral que limita los ingresos del Estado.
Una transición demográfica que no puede frenarse
Uno de los puntos clave del análisis fue el cambio en la estructura etaria del país. En 2015 nacían cerca de 800.000 personas por año; hoy esa cifra se ha reducido a la mitad. El resultado es un escenario donde la población activa disminuye, mientras que los adultos mayores aumentan. Actualmente, solo 1,8 trabajadores formales sostienen a cada jubilado, cuando se necesitarían al menos cuatro. Esta presión estructural “no podrá ser revertida”, se explicó.
“Vamos camino a un sistema con muchos cobrando y pocos aportando. Eso no es sostenible en ningún país del mundo”, aseguró Jorge Colina.
Aportes fragmentados y una pirámide invertida
Según datos presentados por Apella, solo el 30% de quienes alcanzan la edad jubilatoria cumplen con los 30 años de aportes exigidos. Otro 57% realizó aportes parciales, y un 13% nunca contribuyó. En este contexto, las moratorias previsionales fueron utilizadas como una salida temporal, permitiendo que millones accedieran a la jubilación sin haber completado el historial contributivo.
“Lo que empezó como una solución de emergencia terminó siendo la regla. Hoy, siete de cada diez nuevas jubilaciones dependen de moratorias”, advirtió Falcone. Esto generó una sensación de injusticia entre quienes aportaron regularmente durante su vida laboral, al ver que sus beneficios son similares a los de quienes no lo hicieron.

Una caja en déficit y una ANSES con recursos menguantes
A la situación demográfica y contributiva, se suma una realidad fiscal alarmante. Actualmente, ANSES solo recauda el 50% del dinero necesario para pagar las prestaciones. El Fondo de Garantía de Sustentabilidad, diseñado para asegurar pagos por dos años, apenas alcanza para cubrir cuatro meses.
El principio de solidaridad intergeneracional, base del sistema actual, ha entrado en crisis: con menos aportantes y más beneficiarios, la lógica misma del sistema ha sido debilitada.
Reformar sin excluir: un nuevo esquema de cálculo
Frente a este panorama, los especialistas propusieron eliminar el requisito de los 30 años de aportes y reemplazarlo por un esquema proporcional: “quien cotizó 15 años, debe cobrar en función de esos años”, explicó Colina. Además, sugirieron combinar un piso universal financiado con impuestos, similar a la PUAM pero más robusto, con un componente adicional ligado a los aportes personales.
Modelos mixtos como los de España o Uruguay fueron señalados como ejemplos viables, siempre adaptados a las características locales.
El giro personal: ahorrar y planificar
En paralelo a una necesaria reforma estructural, se instó a los individuos a adoptar una estrategia personal de previsión. “El que tiene empleo formal hoy, debe empezar a construir un ahorro complementario. El Estado ya no podrá cubrir a la clase media como antes”, enfatizó Falcone.
En un mundo donde la vida activa se extiende hasta los 80 o 90 años, la preparación personal será clave para evitar la pobreza en la vejez. La educación financiera fue presentada como un recurso indispensable para las nuevas generaciones.
La urgencia de actuar
El episodio cerró con un mensaje claro: posponer las reformas solo agravará el ajuste futuro. El tiempo juega en contra y el sistema previsional no esperará. Como señaló Ignacio Apella, no se trata de lograr consensos plenos, sino de alcanzar niveles aceptables de acuerdo social para evitar el colapso.
“Hoy la jubilación es una miseria, en el futuro será peor que una miseria. Así que andá preparándote”, resumió Colina con crudeza. Un llamado que refleja la gravedad del momento y la necesidad de anticiparse a un sistema que, inevitablemente, será transformado.


