El escándalo estalló en el Barrio Ceferino de la capital salteña. Una vecina encontró restos extraños en una morcilla y un veterinario advirtió que se trataba de un felino. La Justicia allanó el local, decomisó mercadería podrida e imputó a la dueña.
Un caso que mezcla la falta de control sanitario con el horror sacudió en las últimas horas a la vecina provincia de Salta. Lo que comenzó como una compra habitual para el almuerzo en el Barrio Ceferino, terminó destapando un comercio que, bajo la fachada de «embutidos artesanales», operaba en condiciones deplorables y es investigado por utilizar presunta carne de felino en sus productos.
La investigación se activó tras la denuncia de una clienta que vivió una situación traumática. Según consta en el expediente, el pasado 28 de diciembre de 2025, la mujer adquirió morcillas en una carnicería de calle Rodrigo Pereyra al 1800. Al intentar consumirlas, halló en su interior restos óseos y tejidos que no correspondían a animales de faena habitual.
Ante la sospecha, la denunciante llevó la muestra a un veterinario particular y a un especialista del Hospital de Mascotas Municipal de Salta. El veredicto preliminar de los profesionales encendió todas las alarmas: los restos hallados pertenecerían a un gato.
Allanamiento y decomiso
Con la denuncia radicada, el fiscal penal Federico Jovanovics actuó de oficio ante el posible delito contra la salud pública. El viernes 9 de enero, la Justicia ordenó un allanamiento urgente en el local, que llevaba seis años funcionando en la zona.
El operativo, que contó con personal de Bromatología municipal, confirmó el desastre sanitario: se encontraron kilos de carne y embutidos en pésimo estado de conservación, sin la cadena de frío correspondiente y en un ambiente de suciedad incompatible con la manipulación de alimentos.
Las autoridades secuestraron muestras de queso de cerdo, chorizos, butifarras y morcillas. Todo el material será sometido a análisis de laboratorio para confirmar científicamente si, efectivamente, se utilizaba carne de mascotas para «estirar» la producción.
La situación legal
La propietaria del lugar, una mujer de 52 años, fue imputada provisionalmente por el delito de suministro y distribución de sustancias alimenticias peligrosas para la salud (artículo 201 del Código Penal). Además, el municipio clausuró el local y labró actas por falta de habilitación y violación al Código Alimentario Argentino.
fuente:losprimeros


